Ya sabéis que una de mis grandes preocupaciones en el ámbito profesional es la evaluación, tal vez porque estoy convencida de que influye de gran manera en las relaciones que se establecen en una comunidad como la nuestra, en la que hay que contemplar la vertiente sumativa de la evaluación.
Aunque no me guste, tengo que calificar y cuando el profesor tiene que hacer de juez, los estudiantes siempre contemplan cómo repercutirán en la nota las distintas actividades realizadas. Hay una cierta tensión que a veces dificulta la creación de un clima de confianza, en donde lo que importe es lo que se aprende, no la calificación que se obtenga. Pero ya se sabe, es inevitable.
Lo que más me importa es el proceso de aprendizaje/enseñanza, no su producto, y considero que es muy complicado ser objetiva a la hora de evaluar, y también calificar, tal proceso si no sigo de cerca, y de forma sistemática, el trabajo cotidiano de cada uno de mis estudiantes, y los instrumentos clásicos de evaluación me aportaban demasiado poco.
Toda esta parrafada no es más que la presentación de un trabajo sobre evaluación en colaboración con Carmel Hassan y Fernando Santamaría, surgido de varias conversaciones acerca del tema. Yo les planteé mi problema. Ellos tratan de darme soluciones tecnológicas mediante herramientas web 2.0, que sin duda alguna tienen grandes posibilidades.
Eso sí, hay que decir que de poco vale que tengamos todas estas herramientas si los los profesores no planteamos nuevos procesos evaluativos. Evaluar a través de un examen, no cabe duda, da la sensación de seguridad y objetividad. Pero dice demasiado poco acerca de las competencias desarrolladas por los estudiantes.
Vosotros, que en lo educativo estáis en el