Los colegios preparan a los alumnos para el pasado es el título de un artículo que recoge una entrevista de Ignacio Zafra a Spencer Kagan (un gurú del aprendizaje cooperativo) en El País del día 2 de junio. S. Kagan, dice Zafra, es:
[...] uno de los gurús del aprendizaje cooperativo, una propuesta pedagógica que pretende dar la vuelta a la forma de dar clases situando la participación de los alumnos y su interrelación en el aula en el centro del sistema.
La verdad es que me alegró leerlo porque casi siempre gusta ver en letras de molde, en un sitio de prestigio como es el diario citado, lo que uno viene pensando desde hace mucho.
El artículo, por otra parte, debería ser un punto de reflexión para los formadores de maestros, como es mi caso. Si los colegios (a través de los maestros) forman para el pasado, nosotros, los formadores de maestros, es de suponer que tenemos mucho que ver en ello. No podemos olvidarnos de que, tal como la investigación ha demostrado, enseñamos más con lo que hacemos que con lo que decimos. Debemos, pues, tomar buena nota del carácter obsoleto de las metodologías predominantes en muchas instituciones educativas, al margen de que sean de Primaria, Secundaria, Universidad, etc.
Yo hago mis pinitos en eso del aprendizaje colaborativo, el protagonismo del estudiante, su responsabilización en el estudio,… pero hoy por hoy no logro los resultados pretendidos. Soy consciente de que la mayor parte de mis estudiantes siguen estudiando para aprobar. Eligen el tema de trabajo, sí. Se responsabilizan de su elaboración, sí. Se responsabilizan del contenido por aquello de que va a ser público,… sólo a medias. ¿Una razón? La costumbre. El otro día que le preguntaba a una estudiante acerca de con quién le gustaría compartir los trabajos que realiza para distintas asignaturas, me contestó que “con el profesor, ¿con quién si no?
Bueno, pues eso, que estaría bien que todos los profesores, docentes, enseñantes, mediadores, educadores, formadores, o como se nos quiera llamar, miremos un poco hacia adelante y pensemos en las necesidades formativas que tienen nuestros estudiantes para desenvolverse en el siglo XXI. Desde luego que no son las mismas que las que teníamos los jóvenes del siglo pasado, que muchos hoy ya no lo somos, pero seguimos teniendo la responsabilidad de formar a los que hoy son jóvenes y pasado mañana adultos para que se desenvuelvan en la vida personal y profesional de acuerdo con el contexto social actual y futuro (difícilmente previsible), no con el que ya pasó. Y esto, parece que no es una visión muy generalizada de lo que debería ser uno de nuestros focos de atención prioritarios.
Del artículo destaco las frases:
La estructura [base del método propuesto por Kagan] es la forma en que se organiza, paso a paso, la interacción de los alumnos entre ellos, con su currículo y con el profesor. Hemos creado más de 200, y su gran fuerza reside en que su contenido es libre. El profesor puede adaptarlas a la materia que sea, matemáticas o historia.
Hoy las clases se desarrollan con un profesor que da una lección mientras toda el aula escucha en silencio. Lo cual, aparte de aburrido, desaprovecha las habilidades y modos de inteligencia de cada uno. Un tipo de estructura muy básica, y también extendida, es la del profesor que plantea una pregunta y pide que levanten la mano quienes la sepan contestar. Pero es una estructura muy poco participativa, porque de ese modo sólo responderá un alumno o, si se equivoca, puede que dos.
[...] la universidad está muy atrasada: sus profesores están enseñando en la forma en que aprendieron a hacerlo; están enseñando para otra época. Necesitamos profesores que formen a los estudiantes para un futuro en el que la gran mayoría trabajará en equipo, en entornos cada vez más interactivos, y con la necesidad de actualizar continuamente conocimientos. Tenemos estudios que señalan que los alumnos se lo pasan mejor en nuestras clases que en las tradicionales. Y eso es importante si queremos personas que aprendan durante toda la vida. Si no, dejarán de hacerlo en cuanto acaben el colegio.
Desde luego que estudiar y aprender cuesta esfuerzo, cansa, no siempre es divertido. Pero lo cierto es que si casi siempre es aburrido y carente de interés para los estudiantes, acabarán desmotivados. Y, ya se sabe, de donde no hay motivación, poco se puede sacar.
Así pues, considero que nos “toca” mirar hacia adelante, escudriñar hacia el futuro y devanarnos los sesos para ver como podemos cambiar esa tradición de pasividad de los estudiantes y protagonismo de los profesores. Mirar hacia lo que la sociedad de hoy demanda, no lo que demandaba hace 30 años, incluso menos.






